Las «onomatropellas»

Antes de nada, la palabra «onomatropella», como habrás podido deducir, no existe. Me la he inventando uniendo, en una sola, la palabra onomatopeya y el verbo atropellar.

Las onomatopeyas son, según la R.A.E

…imitaciones o recreaciones de sonidos en vocablos para significarlo o vocablos que imitan o recrean el sonido de la cosa o la acción nombrada.
Ejemplos clásicos: «boom», «bum», «clap», «zas», «clic», «pum», «pam» y muchas más.

Recordaréis los dibujos animados de los 80 ¿no? Era muy divertida la sobreabundancia de onomatopeyas en los primeros dibujos de Batman y Robin, por ejemplo. Estoy convencido de que el abuso de las mismas era parte de la historia.

A Ibáñez también le encantaba llenar sus viñetas de Mortadelo y Filemón con onomatopeyas.

Por otro lado la R.A.E define el etcétera de la siguiente forma:

Expresión usada para sustituir el resto de una exposición o enumeración que se sobreentiende o que no interesa expresar. Se emplea generalmente en la abreviatura «etc».

Pero me gusta mucho más esto que dice Jardiel Poncela, escritor español de principio del siglo XX, sobre el mismo:

El etcétera es el descanso de los sabios y la excusa de los ignorantes

¿Y qué relación tienen estas dos cosas?
La relación está en el uso y abuso de esas expresiones utilizadas por muchos jóvenes, y algunos adultos, que ante la falta de oratoria, de vocabulario, de capacidad para expresarse, de elocuencia o por simple vagueza, les ha dado por terminar sus frases, o quizás debería decir no terminarlas, con muletillas como «y eso», «y tal», «y cual», «y tal y cual», «y todo eso», pero también «ya tu sabes», «ya sabes a lo que me refiero» y algunas más que habrá. Se usan justo en el lugar donde debería ir un etcétera y con la misma intención, y muchas son sonidos cortos que pretenden recrear o sustituir a toda una argumentación.

La R.A.E no deja claro cuándo debe usarse el etcétera y cuándo no, sólo dice que se debe utilizar para evitar tener que relatar o enumerar el resto de puntos o elementos que estamos expresando. Es, quizás, una forma culta de decir «y el resto» o «y todos los demás» en un contexto en el que el escuchante ya conoce, o intuye, o puede deducir, y por tanto no hace falta mencionarlos, todos esos elementos no nombrados.

A mi me divierte comprobar si mi interlocutor, ese que termina una oración con «y tal», es capaz de continuar su argumentación correctamente y no está utilizando estas onomatropellas para escaquearse, como excusa de ignorante, dejando que el oyente complete la historia. Por esto, siempre interpelo con un «¿y tal?; y tal ¿qué?». Esto es, no me dejes colgado, termíname la frase que no sé a dónde quieres llegar.

Es claramente una mala utilización del lenguaje, un abuso por parte del orador y, en definitiva, un atropello al oyente; y de ahí el nombre.

Alguien de Jaén me ha recordado esta expresión, tan típica de nuestra provincia, que es una perfecta «onomatropella»

Aquí añado un artículo relacionado que habla de la obvia disminución de nuestra capacidad dialéctica: La importancia de la palabra hablada en los tiempos de Whatsapp

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